Cerrando ciclos

      El fin de un ciclo escolar siempre es una buena oportunidad para hacer un recuento de experiencias y aprendizajes vividos durante casi un año. Sentimientos encontrados al despedir un ciclo con la alegría de comenzar otro. Una sensación muy parecida al año viejo que se va para dar la bienvenida al año nuevo que llega cada enero.

      En este sentido, resulta fácil pensar que un ciclo escolar nuevo, es como un “año nuevo”, en el que nos llenamos de proyectos y propósitos que esperamos cumplir de agosto a junio del siguiente año. Muchos de estos proyectos son académicos,  pero otros, aunque forman parte de la vida personal, se definen totalmente a partir de un tiempo y una dinámica escolar.

     Cuando somos estudiantes, nos habituamos en este ejercicio de terminar y empezar de nuevo. Maduramos en el proceso de que la vida se compone de círculos. Uno que debe cerrarse de forma necesaria e inevitable, como condición para abrir el otro. Precisando un sentido y estilo de vida, y renovando la energía y esperanza de crecer en cada circunstancia.

      Cuando se es maestro,  la consigna de cerrar ciclos, etapas o círculos resulta natural y nos dispone a saber que siempre que un capítulo concluye, tenemos la certeza de que otro iniciará próximamente, como parte de un plan supremo, porque finalmente nada se mueve sin la voluntad de Dios.

 

Miss Karla Languré

Coordinación de Inglés